domingo, 14 de agosto de 2016

Beso a la luz de la luna ( Ver 2016)


© Lucy Baskerville



Esto es una obra de ficción. Todos los nombres, personajes, lugares y acontecimientos que aquí aparecen son producto de la imaginación de la autora. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, acontecimientos o lugares es pura coincidencia.


 


Beso a la luz de la luna 2016





Érase una vez dos jóvenes que se amaban con pasión, pero debido a la diferencia social que existía entre ambos, sus familias estaban en contra de dicho romance.
Debido a eso, siempre se veían a escondidas. No pasaba ni un solo día sin que se enviaran cartas confesando el amor que sentían el uno por el otro.


Ella vivía en una lujosa mansión en las afueras de Londres.
Un día, varios pretendientes se presentaron en su casa con intención de pedir su mano en matrimonio. Algunos eran parientes de condes o incluso de duques. Pero la joven los rechazó, y sin molestarse en escuchar los constantes reproches de sus padres, se retiró a su habitación.


Pues su corazón, pertenecía al chico que había conocido en la ceremonia de su decimoctavo cumpleaños.
Cuando sus miradas se cruzaron, por un momento fue como si el tiempo mismo, hubiera detenido su avance. Tanto él como ella, no podían apartar la mirada.


-Lacey, ha pasado un año desde que estamos juntos, pero aún así quieres seguir adelante y hacer publica nuestra relación. ¿Eres consciente de la diferencia que existe entre nosotros verdad?- La preguntó él, mirando sus hermosos ojos color esmeralda. Su blanca y delicada piel resaltaba su cabello negro rojizo que caía en cascada por sus hombros.


- Sí. - Contestó ella con firmeza - ¿Henry, no te das cuenta? Si seguimos escondiendo nuestros sentimientos, llegará un día en el que nos arrepentiremos de no haber tenido el valor de confesar nuestro amor y vivir con temor a ser descubiertos.
- No quiero tener que casarme con un desconocido al que no quiero.


Simplemente quiero ser libre de amar a quien quiera, y ese eres tú.
- ¿No sientes lo mismo? - Le preguntó ella, con las mejillas encendidas-
- Lacey. -Dijo Henry- Con solo tenerte a mí lado, siento que me falta el aire. Te amo y no podría soportar verte del brazo de otro hombre que no sea yo.


Mirándose a los ojos, Henry la atrajo hacía sí y cogiéndola de la barbilla, acerco sus labios a los de ella y la beso con pasión como si no existiera un mañana. Al separarse, ella notó que sus mejillas ardían, y su corazón latía con fuerza en el pecho, pero se sentía feliz.
Lacey sabía que lo único que le faltaba por hacer era enfrentarse a sus padres.
- Me parece, que pecas de ingenuidad. Ese chico no te ama, solamente le importan tu clase social y los beneficios que obtendrá si te casas con él. -Dijo su padre negando con la cabeza-

Lacey era su única hija, y se había enamorado de alguien que era totalmente diferente a ella.
- Estoy de acuerdo. - Añadió su madre intentando hacerla entrar en razón.- Intenta no dejarte llevar por tus emociones y piensa las cosas con claridad.
- ¿Pero que importancia tiene, el hecho de no pertenecer a la alta sociedad? Si estáis pensando en desheredarme por pensar de esta manera, adelanté. Pero no cambiaré de parecer, yo le quiero y él a mí. Así el amor, y no se le puede mandar al corazón. - Replicó Lacey con rotundidad.-


Su padre estaba furioso. De modo que cogiendo a su hija del brazo, se la llevo fuera a rastras.
Por mucho que la joven intentara librarse, él seguía apretándola con más fuerza hasta que llegaron. Frente a ellos se alzaba una torre que se hallaba detrás de la mansión y oculta a la vista por varios árboles. La construcción parecía ser bastante antigua, pero por dentro era totalmente diferente. Nada más entrar, vieron que al lado de la pared había una escalera en forma de caracol, que daba al primer piso.
Mientras subían, la joven sabía que no iban a permitirle amar a Henry.


Una vez arriba su padre la empujó dentro del pequeño cuatro y antes de cerrar la puerta con llave
- Dijo - Con el tiempo que vas a pasar aquí encerrada, se te pasarán esas ideas que se te han metido en la cabeza.


Al examinar la estancia, Lacey se dio cuenta de que a parte de la ventana, faltaba una cama en donde poder tumbarse o dormir.
La joven no entendía, por qué le hacían eso. Ninguna ley prohibía amar con libertad


Ella se pasaba las horas llorando y suplicando que la dejaran salir, pero no había respuesta alguna.
Cuando hubo pasado una semana desde su encierro, Lacey empezaba a perder la esperanza, hasta que un día a medianoche pasó algo inesperado.
La ventana de su habitación se abrió y por ella entro la única persona, a quien creía que no volvería a ver.
La sorpresa y la perplejidad, dieron paso al alivio. El hecho de ver a Henry frente a ella, le parecía un sueño hecho realidad.

La luz de la luna, iluminaba su cabello rubio oscuro, sus ojos color zafiro que la miraban con tanto amor, su piel morena y sus manos duras era fruto del arduo trabajo, pero para ella eran protectoras, y eso le recordaba del porqué se había enamorado de él.
- Cuando no volviste a reunirte conmigo en nuestro lugar secreto, tras hablar con tus padres, me preocupe e imaginé que algo había pasado así que investigue un poco y aquí me tienes. - Dijo acercándose a Lacey y acariciando su mejilla-. Si se niegan a aceptar nuestra relación, tendremos que irnos y empezar una nueva vida juntos lejos de aquí. A menos qué hayas cambiado de idea, y prefieras quedarte con tu familia.


- No digas eso ni en broma -lo regaño- Te quiero Henry y si tengo que renunciar a todo, con tal de
estar a tu lado lo haré. -Replicó Lacey con lágrimas en los ojos-

Iría hasta el fin del mundo por ti. Te amo, Lacey Lockford -Añadió él con dulzura, acercando sus labios a los de ella-.
Y bajo a la luz de la luna que se colaba por la ventana abierta, se dieron un cálido y apasionado beso.

Al separarse uno del otro, él la ayudó bajar por la enredadera, que había crecido con los años, rodeando la torre. En su momento, nadie se tomó la molestia de podarla y gracias a eso pudieron escapar sin ser vistos.
A partir de ese día, tanto Lacey como Henry dejaron atrás sus respectivas familias para crear la suya propia.


Años después los dos se habían casado y sentían que pronto su familia estaría completa.
Lacey estaba embarazada y una nueva vida que aún estaba por venir llenaba sus corazones de felicidad y amor.





Fin




miércoles, 2 de abril de 2014

Beso a la luz de la luna

Beso a la luz de la luna



Hacía un cálido día a mitades del siglo XVII en la gran ciudad Dawraka, pero en Widescket que era el centro de la ciudad, se hallaba la mansión perteneciente al duque Henri Lanford que vivía junto a
 su esposa que estaba embarazada
Mientras pasaban los meses la duquesa estaba guardando reposo, Henri a su vez se veía muy feliz, sabiendo que faltarian pocas semanas hasta que por fin tendría su primer hijo o hija en brazos.
  Pero un día cuando el duque Lanford se encontraba fuera de la ciudad por negocios,
su esposa empezó a tener fuertes dolores insoportables, hasta el momento de romper aguas y entonces su parto comenzó.
 - Llamad al medico y traed un cuenco de agua caliente, la señora va dar a luz pronto! -ordeno la nodriza- preocupada por la duquesa.
Al llegar el medico las criadas, trajeron lo necesario para el parto.
Layla estaba pasando malos momentos pero gracias a la intervención del medico pudo salir adelante y dios a luz a una pequeña niña hermosa.
Cuando el parto hubo terminado, la duquesa estaba en sus aposentos recuperandose.
 El duque Lanford que había estado fuera por negocios, regreso en la mansión, al enterarse de que su esposa finalmente había dado a luz.
 Henri no pudo esperar más debido a la emoción que sentía y se dirigió hacia los aposentos de la duquesa
Al entrar en el cuarto su corazón se lleno de alegría al ver a Layla cargar una pequeña criatura entre sus brazos.
- Mi vida -dijo Henri al acercarse a su esposa- por fin vamos a ser una familia completa, dime ya has elegido cual seria su nombre?
La duquesa con una cálida sonrisa asintió.
- El nombre de nuestra dulce niña que tiene los ojitos rojos por las lágrimas, es Alice - respondió Layla con dulzura en su voz-
Henri cogió a sus a su hija en brazos y -dijo- Vamos a ser muy felices juntos, mi pequeña  va a ser hermosa al igual que su madre que es una persona tan maravillosa.
- No hacia falta que mencionaras lo ultimo - añadió ella ruborizandose

***

Tras seis años la niña había crecido sana y fuerte, y cada día aprendía cada cosa nueva.
Pero un día la duquesa cayó enferma por una grave enfermedad que no tenia cura, los médicos intentaron encontrar una solución, pero no había esperanza alguna.
El duque estaba en los aposentos de Layla, arrodillado al lado de su cama.
- No te rindas cariño te lo ruego, ¿que sera de nuestra hija,? ella va a sufrir mucho más tu perdida, la vida no sera igual sin ti. - dijo Henri entre lágrimas al coger la mano de su esposa.
- Tienes que ser fuerte y seguir adelante sin mi, pero tienes que prometerme que protegerás a nuestra pequeña  Alice, - añadió Layla con dulzura pero su voz sonó débil debido al cansancio- necesito pedirte una ultima cosa, por favor cumple mi ultimo y único deseo, solo así podre descansar en paz.
- Dime que necesitas que haga y lo haré de todo corazón para ti - le preguntó el desolado.-
Entonces la duquesa con sus ultimas fuerzas, le dijo cual era su petición.
- Te prometo que voy a cumplir tu deseo – añadió el entre lágrimas-
- Gracias por hacerme la mujer mas feliz y regalarme el mayor regalo del mundo, que es nuestra hija, te amare siempre -dijo Layla con esfuerzo- entonces el acerco sus labios junto a los de ella y a la cálida luz de las velas se dieron un ultimo, cálido y apasionado beso.
Al separarse uno del otro, ella acaricio su mejilla y mientras las lágrimas caían por su bello rostro, con una sonrisa añadió- me alegro de haberte conocido Henri..- pero esas fueron sus ultimas palabras antes de morir.

Después de diez años de la muerte de Layla, muchas cosas cambiaron drasticamente, Alice la hija del duque habia sido encerrada en una torre que se hallaba tras la mansión
Un día, cuando la joven estaba mirando por la ventana de su cuarto, pudo oír a los guardias hablar sobre un ladrón que había escapado de su celda.
- Me pregunto si algún día podré salir de este lugar- dijo ella, en voz baja mirando hacía al cielo.
Mientras los guardias revisaban la mansión, el ladrón había conseguido la llave de la torre vecina, pero ignoraba lo que pudiera encontrar allí.
-¿Por qué esa persona me aconsejó que debiera revisar la torre, antes de salir de la mansión?- murmuró mientras subía las escaleras de caracol.
Al llegar frente a la puerta, metió la llave en el pestillo, y la abrió. Al entrar, su mirada se fijó en la doncella que observaba el cielo a través de la ventana.
La joven tenía un liso cabello castaño oscuro, tan largo que le llegaba hasta las rodillas. Sus ojos en cambio eran de color verde esmeralda, resaltando su bello rostro.
Al darse cuenta de la presencia del intruso, se giró hacia él y se sorprendió de lo que vio en el joven ladrón. Era atractivo y de largo liso, pelo negro, que le llegaba hasta la mitad de la espalda. Sus bonitos ojos violetas resaltaban su oscuro cabello. A pesar de su apariencia, parecía ser un joven solitario
- No sabía que hubiera alguien aquí -dijo él paseando su mirada por la estancia- ¿por qué estás encerrada en este lugar?
- Hace tiempo mi padre, el duque, me encerró en esta torre, aunque me gustaría ver cómo es el mundo más allá de la ventana de mi cuarto.
Pero al volverse hacia el joven intruso sus miradas se encontraron.
- Por favor, ¿me ayudarías a salir de este lugar? -le preguntó ella, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
- Deberías tener más confianza en ti misma, de esa forma podrás enfrentarte a tu padre, pero si realmente deseas salir de aquí entonces te ayudaré– le dijo, y deslizó su mano hacia la mejilla de la joven, secando sus lágrimas.
Ella, al notar el calor de su mano, se ruborizó y le dedicó una cálida sonrisa. Seguidamente, lentamente le tendió su mano y el joven ladrón con una sonrisa le ofreció la suya.
- Mi nombre es Leo, encantado de conocerte princesa- sonrió sarcásticamente, pero sin malicia.
- Por favor no me llames así- ella respondió tímidamente- mi nombre es Alice..
- Debemos salir de este lugar, los guardias no tardarán en llegar hasta aquí - dijo él secamente
''Intenta no perderte chico , entra en la mansión y encuentra tu verdadero objetivo'' – recordó Leo pensativo, pero el grito de Alice lo hizo volver a la realidad.
- ¡La torre está ardiendo! ¡No vamos a poder salir de aquí!
Mientras que el incendio aumentaba, Leo fijó su mirada en la única ventana del cuarto, y al mirar hacia abajo vio un matorral de hierba que podría amortiguar una gran caída.
-Vamos a tener que saltar, puesto que no tenemos otra salida.- dijo cogiéndola del brazo.
- Es peligroso, podríamos matarnos – le respondió Alice, pero su voz se apagó cuando el chico la cogió en brazos.
Al estar tan cerca de su pecho y sentir su calidez, no pudo evitar ruborizarse con gran inocencia.
-Tendremos que arriesgarnos –añadió Leo, con una sombría expresión en su rostro.
Estando al borde de la ventana, Alice alzó la cabeza hacia el y sus miradas se encontraron. Ella tuvo que desviarla para evitar volver a sonrojarse.
- No te preocupes. Todo saldra bien, voy a protegerte, así que puedes tranquilizarte- Le aseguró con una cálida sonrisa, pero ni bien termino la frase que saltó.
Cuando abrieron los ojos, estaban encima del matorral de hierba al pie de la torre.
- Bueno, no ha ido tan mal, creo que ahora puedes relajarte –dijo-
-¿Te encuentras bien? -le preguntó preocupado, al notar que estaba temblando.
- Sólo me siento un poco mareada, creo que es debido a toda la emoción- le respondió Alice en voz baja.
- Deberíamos seguir adelante – dijo Leo, levantándose y ayudándola a incorporarse.
-Gracias por protegerme en ese momento - añadió ella tímidamente.
-No tienes nada que agradecerme -contestó sonriendo- Sigamos adelante antes de que se ponga el sol.
Mientras iban avanzando, Alice se empezó a preguntar por qué su corazón latía con fuerza cada vez que se acercaba al chico, pero empezaba a comprender la razón.
Al adentrase en el Bosque de la Esperanza Mágica, el sol ya comenzaba a ponerse.
-Vamos a tener que acampar aquí. Pronto será de noche y sería muy peligroso seguir adelante.
Tras encender el fuego, Alice se sentó frente a la hoguera, pensativa.
- ¿Estás preocupada por tu padre?- preguntó Leo sentándose a su lado.
- Estaba pensando en cuál sería su reacción al saber que me he escapado de la torre- le respondió ella levantándose y aproximándose al lago.
- No deberías darle tanta importancia a ese asunto. Lo que importa es que tú por fin estás libre, dijo Leo al levantarse y acercándose a ella.
Desde el momento en que nos conocimos he empezado a sentir un extraño sentimiento dentro de mi pecho -añadió el con dulzura en su voz - acariciando la mejilla de la joven-
Al estar tan cerca uno del otro, Alice volvió a ruborizarse y tímidamente bajo la mirada, pero Leo tomo la barbilla de ella levantando su rostro hacia el, y al mirarla a los ojos le -dijo- te voy a proteger el resto de mi vida.
Entonces Alice lentamente acerco sus labios junto a los de el y bajo a la luz de la luna se fundieron en un cálido y apasionado beso.

Fin.