©
Lucy Baskerville
Esto
es una obra de ficción. Todos los nombres, personajes, lugares y
acontecimientos que aquí aparecen son producto de la imaginación de
la autora. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas,
acontecimientos o lugares es pura coincidencia.
Beso a la luz de la luna 2016
Érase
una vez dos jóvenes que se amaban con pasión, pero debido a la
diferencia social que existía entre ambos, sus familias estaban en
contra de dicho romance.
Debido
a eso, siempre se veían a escondidas. No pasaba ni un solo día sin
que se enviaran cartas confesando el amor que sentían el uno por el
otro.
Ella
vivía en una lujosa mansión en las afueras de Londres.
Un
día, varios pretendientes se presentaron en su casa con intención
de pedir su mano en matrimonio. Algunos eran parientes de condes o
incluso de duques. Pero la joven los rechazó, y sin molestarse en
escuchar los constantes reproches de sus padres, se retiró a su
habitación.
Pues
su corazón, pertenecía al chico que había conocido en la ceremonia
de su decimoctavo cumpleaños.
Cuando
sus miradas se cruzaron, por un momento fue como si el tiempo mismo,
hubiera detenido su avance. Tanto él como ella, no podían apartar
la mirada.
-Lacey,
ha pasado un año desde que estamos juntos, pero aún así quieres
seguir adelante y hacer publica nuestra relación. ¿Eres consciente
de la diferencia que existe entre nosotros verdad?- La preguntó él,
mirando sus hermosos ojos color esmeralda. Su blanca y delicada piel
resaltaba su cabello negro rojizo que caía en cascada por sus
hombros.
-
Sí. - Contestó ella con firmeza - ¿Henry, no te das cuenta? Si
seguimos escondiendo nuestros sentimientos, llegará un día en el
que nos arrepentiremos de no haber tenido el valor de confesar
nuestro amor y vivir con temor a ser descubiertos.
-
No quiero tener que casarme con un desconocido al que no quiero.
Simplemente
quiero ser libre de amar a quien quiera, y ese eres tú.
-
¿No sientes lo mismo? - Le preguntó ella, con las mejillas
encendidas-
-
Lacey. -Dijo Henry- Con solo tenerte a mí lado, siento que me falta
el aire. Te amo y no podría soportar verte del brazo de otro hombre
que no sea yo.
Mirándose
a los ojos, Henry la atrajo hacía sí y cogiéndola de la barbilla,
acerco sus labios a los de ella y la beso con pasión como si no
existiera un mañana. Al separarse, ella notó que sus mejillas
ardían, y su corazón latía con fuerza en el pecho, pero se sentía
feliz.
Lacey
sabía que lo único que le faltaba por hacer era enfrentarse a sus
padres.
-
Me parece, que pecas de ingenuidad. Ese chico no te ama, solamente le
importan tu clase social y los beneficios que obtendrá si te casas
con él. -Dijo su padre negando con la cabeza-
Lacey era su única hija, y se había enamorado de alguien que era totalmente diferente a ella.
-
Estoy de acuerdo. - Añadió su madre intentando hacerla entrar en
razón.- Intenta no dejarte llevar por tus emociones y piensa las
cosas con claridad.
-
¿Pero que importancia tiene, el hecho de no pertenecer a la alta
sociedad? Si estáis pensando en desheredarme por pensar de esta
manera, adelanté. Pero no cambiaré de parecer, yo le quiero y él a
mí. Así el amor, y no se le puede mandar al corazón. - Replicó
Lacey con rotundidad.-
Su
padre estaba furioso. De modo que cogiendo a su hija del brazo, se
la llevo fuera a rastras.
Por
mucho que la joven intentara librarse, él seguía apretándola con
más fuerza hasta que llegaron. Frente a ellos se alzaba una torre
que se hallaba detrás de la mansión y oculta a la vista por varios
árboles. La construcción parecía ser bastante antigua, pero por
dentro era totalmente diferente. Nada más entrar, vieron que al lado
de la pared había una escalera en forma de caracol, que daba al
primer piso.
Mientras
subían, la joven sabía que no iban a permitirle amar a Henry.
Una
vez arriba su padre la empujó dentro del pequeño cuatro y antes de
cerrar la puerta con llave
-
Dijo - Con el tiempo que vas a pasar aquí encerrada, se te pasarán
esas ideas que se te han metido en la cabeza.
Al
examinar la estancia, Lacey se dio cuenta de que a parte de la
ventana, faltaba una cama en donde poder tumbarse o dormir.
La
joven no entendía, por qué le hacían eso. Ninguna ley prohibía
amar con libertad
Ella
se pasaba las horas llorando y suplicando que la dejaran salir, pero
no había respuesta alguna.
Cuando
hubo pasado una semana desde su encierro, Lacey empezaba a perder la
esperanza, hasta que un día a medianoche pasó algo inesperado.
La
ventana de su habitación se abrió y por ella entro la única
persona, a quien creía que no volvería a ver.
La
sorpresa y la perplejidad, dieron paso al alivio. El hecho de ver a
Henry frente a ella, le parecía un sueño hecho realidad.
La
luz de la luna, iluminaba su cabello rubio oscuro, sus ojos color
zafiro que la miraban con tanto amor, su piel morena y sus manos
duras era fruto del arduo trabajo, pero para ella eran protectoras, y
eso le recordaba del porqué se había enamorado de él.
-
Cuando no volviste a reunirte conmigo en nuestro lugar secreto, tras
hablar con tus padres, me preocupe e imaginé que algo había pasado
así que investigue un poco y aquí me tienes. - Dijo acercándose a
Lacey y acariciando su mejilla-. Si se niegan a aceptar nuestra
relación, tendremos que irnos y empezar una nueva vida juntos lejos
de aquí. A menos qué hayas cambiado de idea, y prefieras quedarte
con tu familia.
-
No digas eso ni en broma -lo regaño- Te quiero Henry y si tengo que
renunciar a todo, con tal de
estar
a tu lado lo haré. -Replicó Lacey con lágrimas en los ojos-
Iría
hasta el fin del mundo por ti. Te amo, Lacey Lockford -Añadió él
con dulzura, acercando sus labios a los de ella-.
Y
bajo a la luz de la luna que se colaba por la ventana abierta, se
dieron un cálido y apasionado beso.
Al
separarse uno del otro, él la ayudó bajar por la enredadera, que
había crecido con los años, rodeando la torre. En su momento,
nadie se tomó la molestia de podarla y gracias a eso pudieron
escapar sin ser vistos.
A
partir de ese día, tanto Lacey como Henry dejaron atrás sus
respectivas familias para crear la suya propia.
Años
después los dos se habían casado y sentían que pronto su familia
estaría completa.
Lacey
estaba embarazada y una nueva vida que aún estaba por venir llenaba
sus corazones de felicidad y amor.
Fin